EL 10 de enero de 2008 pasará a la historia como uno de esos días diferentes para Colombia, en los cuales la atención –por lo menos de quienes nos interesamos en el país- estuvo puesta en el radio viejo, o en el televisor al que todos acudimos cuando sonó la particular voz de “Extra, Extra, noticia de última hora”.
Y este día enmarcará la alegría sin igual de ver los rostros recompuestos de 2 compatriotas colombianas, dos seres humanos y sus familias que volvieron a la libertad en un nuevo renacer. Un día divino en que Dios libró con su mano a Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, luego de 6 denigrantes años de secuestro en las selvas colombianas en manos de Los narcoterroristas de las FARC. Vale la pena, y con gallardía lo digo, agradecer –a sabiendas que fue una jugada política y no humanitaria- la gestión hecha por el presidente Hugo Chávez y la senadora Piedad Córdova.

Menos de 24 horas fueron suficientes para armar toda la logística que permitió la liberación de las dos mujeres, y de paso con un simple operativo, demostrar que no hace falta desocupar media Colombia, ni mucho menos hacer todo un Show circense para ser consecuentes con lo que en definitiva tiene que existir en un proceso como estos, es decir, voluntad.
Empero en un día donde la felicidad ocupa cada uno de las imágenes y palabras de los periodistas, políticos, civiles, familiares, y por supuesto los mismos liberados, uno quisiera olvidarse de todo lo que ha rodeado todo este proceso y simplemente disfrutar, pero ante la obviedad de las circunstancias, y sobre todo ha sabiendas de la continuidad del conflicto, inobjetablemente hay que detenerse y apreciar con lupa lo que ha acontecido.
Resulta indignante, por muy bondadosa que sea la liberación unilateral por parte de las FARC, que muchos colombianos y los propios afectados (secuestrados y familiares) hayan tenido que decir gracias a este grupo narcoterrorista, después de 6 exagerados, brutales e inhumanos años de privación de la libertad. (Me incluyo, por el agradecimiento dado a Chávez y P. Córdova)
Mas indignante es aún ver la forma como se ha jugado de manera inimaginable y descarada con la vida de estos, y todos los secuestrados; Primero secuestrándolos y manteniéndolos cautivos durante largos años. Y luego, en el caso de las liberadas, utilizándolos como fichas de ajedrez en un merchandising despiadado en busca de protagonismo internacional. (Para las FARC, Chávez y P. Córdova)
Indignante para Colombia fue ver y escuchar al ministro del interior venezolano, el señor Rodríguez Chacín dirigiéndose a la guerrilla “Ehh… en nombre del Presidente Chávez…estamos muy pendientes de su lucha. Mantengan ese espíritu, mantengan esa fuerza y cuenten con nosotros.” Una falta de respeto para todas las víctimas de estos terroristas y del país mismo que los ha tenido que sufrir, y una evidencia más de las peligrosas relaciones y objetivos de esta nefasta asociación.
Sin embargo y ante todo, queda el deseo inmenso que este paso realmente abra el camino para la liberación de los más de 700 secuestrados en manos de las FARC.
Particularmente no estoy de acuerdo con un intercambio humanitario simplemente porque los humanos no somos mercancía, y porque para capturar los guerrilleros para quienes se pretende la libertad, murieron un sinnúmero de soldados que entregaron sus vidas en estas misiones en esfuerzos que entonces habrán sido en vano.
Sin embargo es casi un imposible pensar que los narcoguerrilleros liberarán a todos los secuestrados sin ninguna retribución, y a ese nivel hay que pensar seriamente en una negociación que permita encontrar salidas para la paz.
Seguramente ningún medio dirá que fue una felicidad indignante la que vivió la sociedad colombiana un 10 de enero de 2008. Pero si no hay más remedio, ante todo confieso que prefiero y deseo indignarme 700 veces este año, antes que seguir dilatando la vida de estos 700 y más secuestrados que aun se encuentran en las montañas de Colombia (y quizás en las de Venezuela), pero eso si, no a costa de los otros 44 millones de colombianos.
Y este día enmarcará la alegría sin igual de ver los rostros recompuestos de 2 compatriotas colombianas, dos seres humanos y sus familias que volvieron a la libertad en un nuevo renacer. Un día divino en que Dios libró con su mano a Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo, luego de 6 denigrantes años de secuestro en las selvas colombianas en manos de Los narcoterroristas de las FARC. Vale la pena, y con gallardía lo digo, agradecer –a sabiendas que fue una jugada política y no humanitaria- la gestión hecha por el presidente Hugo Chávez y la senadora Piedad Córdova.

Menos de 24 horas fueron suficientes para armar toda la logística que permitió la liberación de las dos mujeres, y de paso con un simple operativo, demostrar que no hace falta desocupar media Colombia, ni mucho menos hacer todo un Show circense para ser consecuentes con lo que en definitiva tiene que existir en un proceso como estos, es decir, voluntad.
Empero en un día donde la felicidad ocupa cada uno de las imágenes y palabras de los periodistas, políticos, civiles, familiares, y por supuesto los mismos liberados, uno quisiera olvidarse de todo lo que ha rodeado todo este proceso y simplemente disfrutar, pero ante la obviedad de las circunstancias, y sobre todo ha sabiendas de la continuidad del conflicto, inobjetablemente hay que detenerse y apreciar con lupa lo que ha acontecido.
Resulta indignante, por muy bondadosa que sea la liberación unilateral por parte de las FARC, que muchos colombianos y los propios afectados (secuestrados y familiares) hayan tenido que decir gracias a este grupo narcoterrorista, después de 6 exagerados, brutales e inhumanos años de privación de la libertad. (Me incluyo, por el agradecimiento dado a Chávez y P. Córdova)
Mas indignante es aún ver la forma como se ha jugado de manera inimaginable y descarada con la vida de estos, y todos los secuestrados; Primero secuestrándolos y manteniéndolos cautivos durante largos años. Y luego, en el caso de las liberadas, utilizándolos como fichas de ajedrez en un merchandising despiadado en busca de protagonismo internacional. (Para las FARC, Chávez y P. Córdova)
Indignante para Colombia fue ver y escuchar al ministro del interior venezolano, el señor Rodríguez Chacín dirigiéndose a la guerrilla “Ehh… en nombre del Presidente Chávez…estamos muy pendientes de su lucha. Mantengan ese espíritu, mantengan esa fuerza y cuenten con nosotros.” Una falta de respeto para todas las víctimas de estos terroristas y del país mismo que los ha tenido que sufrir, y una evidencia más de las peligrosas relaciones y objetivos de esta nefasta asociación.
Sin embargo y ante todo, queda el deseo inmenso que este paso realmente abra el camino para la liberación de los más de 700 secuestrados en manos de las FARC.
Particularmente no estoy de acuerdo con un intercambio humanitario simplemente porque los humanos no somos mercancía, y porque para capturar los guerrilleros para quienes se pretende la libertad, murieron un sinnúmero de soldados que entregaron sus vidas en estas misiones en esfuerzos que entonces habrán sido en vano.
Sin embargo es casi un imposible pensar que los narcoguerrilleros liberarán a todos los secuestrados sin ninguna retribución, y a ese nivel hay que pensar seriamente en una negociación que permita encontrar salidas para la paz.
Seguramente ningún medio dirá que fue una felicidad indignante la que vivió la sociedad colombiana un 10 de enero de 2008. Pero si no hay más remedio, ante todo confieso que prefiero y deseo indignarme 700 veces este año, antes que seguir dilatando la vida de estos 700 y más secuestrados que aun se encuentran en las montañas de Colombia (y quizás en las de Venezuela), pero eso si, no a costa de los otros 44 millones de colombianos.
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